lunes, 26 de septiembre de 2011

Blood and Sand

Fiestas de la Mercè de 2011, Barcelona.

Cae la noche en la Ciudad Condal, los Diestros Juan Mora, José Tomas y Serafín Marín abandonan la Monumental de Barcelona a hombros de los aficionados, que los jalean con vitores y cánticos de "Libertad, Libertad !!!".
Tras este acto simbólico se pone fin a las corridas de toros en Catalunya. A partir de 2012 no se podrá prácticar este tipo de tauromáquia en toda la región. Así lo aprobo el Parlament, convirtiéndose en la segunda Comunidad Autónoma de España que prohíbe esta práctica, por detrás de las Islas Canarias que ya lo hizo en 1991. Eso sí, el caso canario no levanto tanta polvaréda, ni declaraciones estúpidas como lo ocurrido en Catalunya.
Que lo que hace Catalunya es visto con una lupa de aumento por el resto de España no es algo novedoso, no deberia de sorprender. Todo la polémica suscitada a raíz de dicha prohibición viene promovida por unos intereses políticos y nacionalistas más que cuestionables, promovidos por gente que no sabe de dónde viene y por otros que disfrutan con la sangre y la muerte.
Estoy contento de que en mi tierra no se puedan celebrar corridas de toros, lo considero una práctica cruel, salvaje, sádica y humillante, que rebaja al mínimo común denominador a las dos espécies.

"Usted no puede opinar si no ha asistido a una de ellas..."

Pues debo decir que si he asistido a corridas de toros. No me arrepiento de ello porque me han servido para darme cuenta de lo horrible de esta práctica mal llamada Fiesta Nacional. Tengo conocimiento de causa, he visto el sufrir del animal entre el jaleo del respetable sin tener que buscar en Internet. Blood in Live.
Si prohibimos la práctica de este festejo que sean por motivos humanitarios y de protección del animal. No nos escudemos en falsas interpretaciones históricas que buscan crear una realidad a gusto y medida del consumidor, y que no tienen que ver con la historia real del país.
Catalunya ha sido una tierra con una profunda tradición taurina, dónde los catalanes vivíamos las corridas con una pasión que no tenia nada que envidiar al del resto de cosos del ámbito taurino.
La primera corrida de toros de la que se tiene referéncia en Catalunya data de 1387 y fue celebrada en Barcelona según recoge el Archivo General de la Corona de Aragón.
El Torín (situada en La Barceloneta de Barcelona), construida en 1834, fue la primera plaza de la que se tienen notícias en la Ciudad Condal. Allí comenzó la revuelta popular de 1835 con la quema de conventos. El día de San José de 1900 se armó un escándalo tan tremendo, con el público en el ruedo intentando quemar la plaza, que hubo de intervenir el Ejército de la guarnición para restablecer el orden. La causa del escándalo fué que el presidente del festejo devolvió un novillo al corral y se corrió el turno, ahorrándose la empresa el sobrero reglamentario.
En el més de abril del mismo año, una corrida de toros en la que intervenían los hermanos Bombita acabó a bofetadas y bastonazos en el mismo al bero en medio de una auténtica batalla campal entre espectadores y toreros hasta el punto de que el presidente del festejo se vió obligado a huir por una puerta falsa.
Pero no sólo Barcelona contaba con cosos taurinos, ciudades como Olot (1859), Tortosa (1878), Tarragona (1883), Figueres (1894) o Caldes de Montbuí (1896) contaban con su correspondiente plaza. También existieron en varias ciudades de la Costa Brava y del resto de Catalunya, pero estas fueron construidas en la segunda mitad del siglo XX por motivos méramente turísticos.
Negar la tradición taurina de Catalunya es un disparate porque no atiende a la realidad. Tan sólo busca maquillar la historia por una parte de la sociedad que ve en todo aquello que consideran español poco más que al Diablo.
Porque si nos ponemos animalistas, también deberiamos de meter mano a los correbous de les Terres de l'Ebre, práctica taurina blindada por puro interés electoral. Patético...
También cuestionable són aquellos que defienden, bajo el gran paraguas de la libertad, la práctica cruel y sádica contra un animal, maquillándola de cultura. "El Toro esta para sufrir (...) no siente el dolor (...) cuándo comes carne también sufre el animal". Juzgad vosotros mismos, que a mi me da la risa...
A modo de reflexión final, decir que Catalunya ha sido una tierra con una gran tradición taurina, que los catalanes hemos vivido el festejo con tanta, o más pasión, que el resto de Plazas, pero que como pueblo hemos evolucionado y nos hemos dado cuenta de que esta práctica, que podía divertir y gustar a nuestros mayores antaño, ya no despierta las misma sintonia en nosotros, al igual que tampoco la despertaría el contemplar un espectáculo de gladiadores romanos en el que fallecieran seres humanos para gusto y regocijo de un pueblo sediento de sangre.



4 comentarios:

  1. Tal vez se me pueda considerar un pasota, pero en un caso como este me da igual si se debe realmente a una concienciación de la población o si hay algún tipo de interés político detrás. Me alegro de que un acto de barbarie como este haya sido prohibido y espero que ningún iluminado venga en un futuro intentando volver a legalizarlo.

    ResponderEliminar
  2. Rubén tio , més acertat no podies estar, amb el teu relat dels fets. Totalment d'acord amb la prohibició d'aquesta salvatjada. I tancar-los la boca a tots els que defensen que la prohibició dels bous, és deu per que és un sinbol espanyolista, i que s'eliminat les corrides per aquesta raó. I com ben bé has explicat, Catalunya, té una llarguissima tradició taurina i que per sort les generacions actuals, hem evolucionat i li hem donat l'esquena aquesta tradició cruel i salvatge. Avui, he arribat a sentir als diferents mitjans de comunicació barbaritats com que l'avortament també és una assassinat i no és prohibeix, i que Catalunya portava a terme una altra fractura entre ella i Espanya. En fi deixant a banda aquestes ximpleries , xapó , per aquesta aquesta llei.

    ResponderEliminar
  3. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

    ResponderEliminar
  4. Estoy de acuerdo con tu reflexión, Rubén. Aunque añadiría un matiz. El prohibir los toros no ha sido un debate animalista, sino político, puramente político, de querer borrar, eliminar todo lo que huele, recuerde... que Cataluña forma parte de España. Respeto y comparto la ILP de las personas que defendían y defienden su prohibición por motivos de protección animal. No puedo decir lo mismo, sin embargo, de los motivos que llevaron a aprobar esta ILP a la camára catalana: aquí algunos grupos políticos han visto una oportunidad, una ocasión de eliminar algo que molesta. A parte de todo esto, cabe recordar que la última instancia de un Parlamento democrático es la prohibición y, para mí, aquí nos encontramos ante un cruce de caminos: aquel modelo en el que se prohíben por ley aquellas tradiciones que a una parte de la sociedad no le gustan; o aquel modelo que intenta buscar un modelo de convivencia respetando las libertades individuales y intentando que sea la propia sociedad quien decida como evolucionan estas tradiciones. Los aficionados a las corridas de toros están en un apoteósico descenso en la última década, por tanto, dejemos que sea la propia sociedad la que, por su pasividad ante este cruel y sangriento espectáculo, decida no ir. Me repugnan las corridas de toros, pero no comparto que se prohíban por ley, puede ser que sea porque siempre me he sabido poner en lugar de los demás (en este caso, en el de aquellas personas, que, aunque sean minoría, ir a los toros es su pasión) ¿por qué no dejamos que evolucione y que sea la propia sociedad quien deje de ir a los toros, si tiene que ser así?

    Aún así, respetaría su prohibición sólo si ésta se hiciera de forma coherente, es decir, haciendo lo propio con los Correbous, tomando medidas contra los abandonos de animales (15000 mascotas muertas en las carreteras el año pasado) y, en definitiva, comprometiéndose realmente en este asunto, y no maquillar de prohibición animalista una prohibición claramente política, que es lo que se ha acabado haciendo.

    ResponderEliminar